Texto: Las desigualdades en la educación básica.

 Textos Básicos.

TEXTO 1.

 

Título.

Las desigualdades en la educación básica.

Cita APA.

Martínez Rizo, F. (2012). Las desigualdades en la educación básica. Perfiles educativos, 34, pp.29-46.

Palabras clave.

Desigualdad educativa, escolaridad, diferencias de rendimiento, estudios explicativos, Índice de Gini, políticas de equidad, programas compensatorios.

Resumen.

El artículo presenta una visión de conjunto sobre la desigualdad educativa en México. En un primer apartado, de carácter descriptivo, se presentan mediciones de la desigualdad entendida en varios sentidos: como escolaridad de la población adulta, utilizando el Índice de Gini con datos de 1970 a 2010; como rezago escolar y abandono prematuro de quienes están en edad escolar; y como diferencias en los niveles de aprendizaje que alcanzan los estudiantes, según las pruebas nacionales e internacionales. El segundo apartado explora los factores causales que inciden en la desigualdad, considerando en particular la convergencia de factores del entorno familiar y social con factores de la escuela. En el tercer punto se presentan consideraciones sobre políticas e intervenciones educativas que puedan reducir la desigualdad.

Conclusión.

La desigualdad educativa es un fenómeno duradero, por sus profundas raíces, pero hay bases para tener una opinión razonablemente optimista en cuanto a las posibilidades de reducirla. No se trata de volver a posturas ingenuas como hace medio siglo, pero sí de escapar al determinismo de las que dan un peso excesivo a los factores extraescolares, genéticos o del medio social y familiar, así como al pesimismo derivado de ellas.

La idea de la igualdad fundamental de los seres humanos no es muy antigua. Hasta el siglo XVIII se aceptaba la idea contraria: que desde el nacimiento habría una pequeña minoría, noble e inteligente, destinada naturalmente, por designio divino, a ocupar las posiciones de mando en la sociedad, y una mayoría plebeya y torpe, destinada a obedecer y servir. A partir de la Ilustración, se extendió la idea opuesta, la de que todos los hombres nacen iguales, debiendo añadirse de inmediato que esa igualdad se refería únicamente a los aspectos filosóficos y éticos de la dignidad fundamental de todo ser humano, pero no la de la existencia o no de una igualdad empírica. Es obvio que tal igualdad empírica no existe, sino que cada ser humano es distinto de todos los demás, con la relativa y escasísima excepción de los gemelos homocigóticos.

Lo anterior se refleja en una realidad básica desde el punto de vista educativo: la creencia general de que, si bien todos los niños deben cursar algunos grados educativos, sólo una pequeña minoría tendría capacidad para hacer estudios superiores. La reiterada constatación de los diferentes resultados que obtienen los alumnos del sistema educativo en todo tipo de evaluaciones es atribuida en parte a las carencias del hogar y/o las de la escuela, pero por debajo de ellas estarían las diferencias innatas de capacidad que distinguirían, de manera presuntamente irremediable, a unas personas de otras.

Sin embargo, los avances de la investigación muestran cada vez con mayor claridad la falta de sustento de la antigua creencia de que habría diferencias insalvables de capacidades entre ciertos grupos y, en particular, que sólo una pequeña parte de las personas tendría capacidad para hacer con éxito estudios superiores o, en general, para adquirir competencias complejas.

Para modificar de forma significativa la desigualdad, un problema ancestral, y uno de los más serios de la educación básica, deberán considerar, entre otros, los siguientes elementos:

• Destinar más recursos a los servicios educativos que presentan carencias más graves, transformándolos en servicios convencionales o fortaleciéndolos.

• Extender la educación inicial (de 0 a 3 años de edad) de manera que los recursos públicos privilegien el asegurar que los niños de familias en situación de pobreza tengan acceso a ella, en modalidades distintas, con participación de los padres y madres.

• Sustituir los actuales planes y programas de estudio de primaria y secundaria por otros que eviten el exceso de contenidos, centrados en aprendizajes y competencias clave, articulados a lo largo de los grados con mapas de progreso, con espacio para que docentes y escuelas concreten los contenidos del currículo en función de las circunstancias de sus alumnos.

• Equilibrar los sistemas de evaluación, asignando un papel complementario a las pruebas en gran escala y dando el peso fundamental a la evaluación en aula, con un enfoque formativo, eliminando la repetición de grado.



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