Texto: ¿Es la inteligencia emocional un adecuado predictor del rendimiento académico en estudiantes?

 

ARTÍCULO 2.

Cita:

-          Extremera, N., y Fernández-Berrocal, P. (2001). ¿Es la inteligencia emocional un adecuado predictor del rendimiento académico en estudiantes? III Jornadas de Innovación Pedagógica: Inteligencia emocional. una brújula para el siglo XXI, 146-157.

Palabras clave: rendimiento académico, emociones, rendimiento escolar.

Resumen: En los albores del siglo XXI el debate sobre esta cuestión dista de estar resuelto. El estudio de las emociones y sus influencias en nuestra vida cotidiana han copado un gran interés insospechable hace algunas décadas (Damasio, 1994; Goleman, 1995; Le Doux, 1996). Tras el éxito del libro de Goleman, distintos autores, llevados por la “moda emocional”, lanzaron conjeturas y suposiciones, que hoy en día siguen sin ser demostradas. El objetivo de este artículo es delimitar la incidencia de la inteligencia emocional dentro del contexto educativo y más concretamente conocer el impacto que una buena inteligencia emocional (IE) ejerce sobre el rendimiento escolar de los adolescentes

Conclusión: En general, los resultados de este estudio tomados en su conjunto han permitido vislumbrar ciertos componentes no académicos que podrían mediar en el rendimiento escolar del alumno. Nuestra investigación pone de relieve conexiones entre rendimiento escolar e IE. Concretamente, la IE intrapersonal, entendida como el metaconocimiento para atender a nuestros estados afectivos, experimentar con claridad los sentimientos propios y poder reparar los estados emocionales negativos y prolongar los positivos, influye decisivamente sobre la salud mental de los estudiantes y un adecuado equilibrio psicológico interviene en el rendimiento académico final (Chen, Rubin y Li, 1995; Haynes, Norris y Kashy, 1996). Por tanto, este nuevo constructo se suma a las habilidades cognitivas como un predictor adecuado del logro escolar.

El planteamiento de Goleman en el que la IE es más decisiva para triunfar en la vida que un extraordinario currículum académico no es contradictorio con nuestros resultados porque ambas capacidades podrían estar vinculadas. Futuras investigaciones deberían explorar el grado de predicción de nuevas inteligencias (p.e. inteligencia social; inteligencia práctica, pensamiento constructivo) y su conexión con las existentes en el dominio educativo y laboral. Los tests de inteligencia tradicionales explican aproximadamente un 25% de la varianza en rendimiento académico, en función del test utilizado (Neisser et al., 1996). Por tanto, queda aún otro 75% que debe ser explicado por otros factores. A mediados de los 90 ya aparecieron investigaciones que apoyaban la visión de que ciertas características de personalidad incrementaban significativamente la predicción del logro académico (Furhman & Medhurst, 1995; Gallagher, 1996). Con la nueva incorporación de la IE dentro del clásico grupo de inteligencias, se explicarán mejor los factores implicados en el rendimiento escolar. Todavía es prematuro para dar respuestas, queda aún por saber qué porcentaje exacto sería explicable por esta nueva variable disposicional de la persona. Los propios Mayer y Salovey (1997) aseveran que llegar a incrementar la varianza explicada en un 10% debería considerarse como un gran logro en el contexto educativo.  Aunque concurren multitud de modelos y concepciones sobre IE de lo más variadas, la formulación de IE de Salovey y Mayer ha permitido un acercamiento preciso y una base teórica explicativa de las habilidades emocionales incluidas en el concepto y sus relaciones con ciertos criterios de la vida real. Este nuevo enfoque permitirá responder de modo más exacto a muchas cuestiones que, hasta la fecha, se vinculaban únicamente al ámbito de la inteligencia académica o abstracta. En conclusión, las implicaciones de estos resultados sobre el diseño curricular son manifiestas. Los centros educativos, profesores y educadores deben ser conscientes de que no sólo es importante la adquisición de conocimientos meramente académicos para el éxito escolar de un buen alumno, sino que es necesario también enseñar a los adolescentes a experimentar sentimientos, reconocer estados afectivos, reparar emociones negativas, integrar los afectos con la cognición, así como educar su emotividad personal y su fluidez emocional generada de la atención selectiva al mundo exterior. Por otra parte, la formación de estas capacidades emocionales y sociales completarían la educación de los niños para manejar el estrés emocional de nuestros tiempos. Para algunos autores, las conductas antisociales, agresivas y de falta de respeto de los adolescentes actuales, no sólo en la escuela sino fuera del entorno educativo, se deben a la multitud de cambios producidos en las pautas sociales, incluyendo el aumento de divorcios, la influencia negativa de la televisión y los medios de comunicación o el escaso tiempo de dedicación de los padres a sus hijos (Shapiro, 1997). Ante tales cambios una posibilidad es promover en el ámbito educativo, debido al enorme tiempo que pasan en la escuela, este conjunto de habilidades emocionales, de esta manera se podría conseguir una adaptación eficaz de los niños y un crecimiento más saludable y productivo. Por ello, se requiere más concienciación por parte de las autoridades educativas de la necesidad de incluir programas pedagógicos que integren las habilidades de IE en el diseño curricular base (para un programa longitudinal de IE ver Vallés y Vallés, 1999) e implicación de los investigadores, orientadores y educadores para incrementar su mejora, desarrollo e implementación durante los años de educación obligatoria. La enseñanza de estos valores es fundamental para alcanzar un equilibrio emocional útil en la convivencia social.

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